Ansiedad generalizada: cuando la mejor manera de ayudar es solo acompañar


El trastorno de ansiedad generalizada es un problema más común y más grave que lo que la mayoría considera. No se trata de simple nerviosismo o estrés, aunque a veces pueda parecérseles. Por mucho que se le subestime, es una enfermedad que puede generar altos niveles de sufrimiento.

Para poder ayudar a alguien que padece este problema, primero debemos tener claro de qué se trata. El trastorno de ansiedad generalizada es un problema de salud mental que se caracteriza por una ansiedad o preocupación excesivas y continuas que son muy difíciles de controlar e interfieren en las actividades diarias de la persona afectada.

No debe confundirse con la sensación de ansiedad que afectaría a cualquier persona en momentos específicos, sobre todo ante situaciones de estrés, ni con otras enfermedades de síntomas similares, como el trastorno de pánico, el trastorno obsesivo compulsivo, entre otros.

Según el portal Mayo Clinic, los síntomas más recurrentes del trastorno de ansiedad generalizada son:

-Preocupación o ansiedad persistentes y desproporcionadas en relación con el impacto de los hechos que las motivan.

-Percibir amenazas en situaciones donde no las hay.

-Planificar demasiado todo lo que se va a hacer y prepararse siempre para los peores resultados.

-Dificultad para lidiar con la incertidumbre.

-Incapacidad para relajarse, sensación de nerviosismo  excitación constantes.

-Dificultad para concentrarse.

-Temperamento indeciso y miedo a tomar decisiones.

-Dificultad para olvidar alguna preocupación.



¿Cómo ayudar a una persona que lo padece?

Si sospechas que alguien cercano a ti padece este problema, lo primero que puedes hacer es sugerirle que acuda a un psicólogo, que podrá brindarle ayuda profesional. Sin embargo, en el día a día puede afrontar situaciones difíciles o crisis, que pueden llegar con síntomas físicos, como la sensación de falta de aire, comezón en el cuerpo, insomnio, entre otros; o desesperación y otros sentimientos a los que suele señalarse como "sentirse mal".

Cuando esto ocurra, una forma de ayudar a la persona ansiosa es evitar criticarla o cuestionar lo que siente. Nada de minimizar sus sentimientos o emociones, ni de sugerirle simplemente que se relaje. Si fuera tan fácil, ya lo habría hecho. Pero hay cosas que sí puedes hacer y decir

-¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte?

-Eso parece difícil. Estoy orgulloso por todo lo que has resistido.

-Estoy aquí para escucharte.

-Solo dime qué necesitas.

-Me alegra que estés recibiendo todo el apoyo que mereces.

Estas frases tan sencillas pueden lograr que la persona ansiosa se sienta acompañada y apoyada, lo que aliviará la pesada carga que lleva.

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